Reloj de tierra
(fragmentos)

VIII
Su vida entera
se resume ahora
en señales de humo.
Qué queda, al fin
de sumas y restas,
sino papeles y más
papeles al fuego,
restos de escrituras
y de las carpetas
que las guardaban,
lo que podía contar
y contabilizaba
sus días, un candelario
circular: con trastos,
ropa vieja, basura,
lo que no se usa
y un neumático
para dar volumen
y luto al mensaje
que empuja el viento.

XIV
Estas son las palabras
de abril. Estas son
las que cocinaban
con pilas de marlos,
las que comían
hasta decir basta, más
no puedo. Las palabras
con que andaban
a caballo y recibían
visitas. Las que
juntaban la cosecha.
Estas, las amarillas
y rojas en la planta
de ciruelas. Las hojitas
en la fila derecha
de hormigas. Son
las de hablar dormido
y las de dar vueltas
en la cama, éstas,
las de descubrir
el colibrí en el ceibo,
las de abrir el molino
y vigilar los nidos
de las tacuaritas.
Las palabras
del rocío y la neblina.

XVI
Siembra sin tener
tierra ni semilla.
Enciende una llama
donde las cenizas,
limpia la ciénaga,
pone voz en el pozo
ciego del silencio.
El olvido es su bálsamo.
Convierte el polvo
en piedra, el páramo
en campo.