Óleo de Luna Guerra en la bañera

Descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Dos kilos de manjar flotan aquí para mis gatos salvajes.
Philip, el francés del mercado, los ha escogido con delicadeza.
Yo bajé hasta La Rambla con ojos ávidos luego del porro.
(La luz del atardecer descompone nuestra percepción del viento.) [Bolaño]
La ciudad era un inmenso hormiguero, y yo, en la más absoluta soledad,
fui flotando sobre mí, asaltando cada rostro con un bisturí en la mirada.
En mi interior una voz cantaba:
¡vamos! ¡vamos! muéstrame tu alma.
Entré a una disquería y oí esa versión de Old devil moon.
Me fui con la voz de Cassandra vibrando entre mis piernas.
Afuera el mundo seguía girando y girando en la misma dirección.
Yo caminaba a la deriva, me extraviaba en Barcelona
buscando cualquier cosa que de súbito me iluminara.
Pero nada ocurrió. Y sepan que el orden continuo me desequilibra.
Me dan asco esas miradas huecas destilando hambre y lascivia,
esas bocas llenas de palabras sucias asordinadas por labios temerosos.
Busco lo inédito Sras. y Sres., lo que jamás brilló bajo el sol.
(
La novela debe ser reinventada.) [Pierrot, el loco]
(La poesía debe ser reinventada.) [Rimbaud]
(La vida debe ser reinventada.) [Luna Guerra]
Esta tarde no hubo nada nuevo en un mundo viejo y cansado
mientras bajaba hacia el mercado, fumando y silbando
en el calor pegajoso de una ciudad delicuescente.
Nada hubo que me causara el asombro de nacer.
Algo que mereciera ser escrito en un poema. Nada.
Pero llegué al mercado de La Boquería y casi me desvanecí.
Allí estaban, brillando como alargadas monedas de plata,
solitarios sobre la mesa negra de Philip.
Dije
dos kilos, au revoir, y me fui temblando.
Ahora descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Hago de esto un instante sagrado, en tiempos que la historia kaputt.
Preparo la apetitosa cena para mis gatos salvajes: Ámbar, Yuli y Sandokán:
mis bestias, que en el borde se relamen y cantan
mientras me desnudo/ y hundo mi cuerpo en el agua plateada.