perdido, ¿cuánto amor dispersamos? ¿acaso bien? ¿acaso
suficiente?

mientras desenvolvíamos nuestras momias de pluma sobre
el escenario apagado
deseábamos no oír el rumor, la pesadilla invernal
que las nubes incisivas estrujaban contra el cielo de
raso,
y las enredaderas crecían oscuras como mandíbulas para
un encierro

mora el estrépito de la tormenta sobre la fragilidad,
sobre la quietud
de nuestros sexos en el leve y continuo movimiento de
los años
¡cómo nos regodeábamos en la codicia escarlata de
besos
que no sabemos a quién dar!
¿cómo esmerarnos ya por leer la partitura que otras
lenguas dictan?

nuevamente en desorden encontramos la casa
pero no tendríamos fuerza para regresar cada cosa a su
lugar
con los pies reconocemos papeles quebrados
una traducción comenzada y pronto abandonada
para explicarle a alguien que el amor se parece menos
y menos
a aquello que antes llamábamos así

sin embargo, las tristes flores perfuman esta tarde
fría con su daltónico color
mientras con lentitud procuramos hallar los
diccionarios que antes nos servían para hablar